La localización estaba a cuarenta minutos de Budapest. Tuve que levantarme a las siete de la mañana, tenía tanto sueño que me quedé un ratito dormida en el coche. Cuando
llegamos a la casa de lujo, enseguida vi a mi compañera de escena C.J, una chica rumana guapísima. Sus ojos de gata y su cabeza rapada y teñida de rubio platino me llamaban mucho la atención y no podía dejar de mirarla.
El tema de la película eran chicas en lencería y tacones, y C.J solo se había traído tres o cuatro cosas y desparejadas. Tuve que dejarle mi lencería que le iba como un guante, porque ella también es una chica muy delgada. Al principio me sentí un poco extraña, porque nadie hablaba mi idioma, todos hablaban húngaro, rumano y algunos un poco de ingles. Ellos hablaban y hablaban, yo no entendía nada. Más tarde cuando cogí confianza con C.J me di cuenta de que sabía hablar un poco de español y nos pasamos todo el día hablando.
La maquilladora, Natali, era excepcionalmente buena y nos maquilló como a dos muñequitas. Era súper maja y divertida, todo el tiempo me estaba diciendo, nice, nice.
Había unos gatos callejeros merodeando por el jardín. Yo me acerqué a ellos y les hice un par de fotos. Se acercó Jean Michel, el fotógrafo de la película y Me dijo que el tenía en su casa un gato de pura raza, como esos que había ahí. Yo le dije: pero si esos son callejeros… y el me explicó que no, que la raza pura de los gatos era esa, el gato común, el que más se aproxima al gato montés y dijo que los siameses y los gatos angora y persas no eran más de mezclas creadas por el hombre. Yo pensé, entonces porqué los gatos angora y persa son tan caros y los comunes se regalan??? Pero no quise decirle nada, debido al entusiasmo que demostraba con aquellos gatos.
La escena fue brutal entre Tomas Stone, C.J y yo, había mucho feeling entre nosotras, disfruté mucho con esta escena.